Tres, dos, uno…desconectando!

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Tres, dos, uno…desconectando!

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Reflexiones de una exconectada en proceso.

Confieso que llevo días dándole vueltas. Confieso que siempre que subo al tren o al metro y veo a la gente absortos en sus pantallas, la escena, tan cotidiana, tiene algo que me aterroriza. Confieso que yo a menudo también voy en el tren o el metro y me sumerjo en el fantástico mundo multimedia que la red me ofrece en mi iphone. Eso sí, yo leo artículos interesantes (de esos que te hacen pensar), o escucho podcasts de programas de actualidad…no juego al Candy Crash ni al Pokemon go, como buena filósofa e intelectual.  No siempre miro el móvil, pero sí a menudo, más a menudo de lo que quisiera.

 

Tal vez por eso me resonó la primera vez que escuché hablar del libro La gran adicción de Enric Puig. Me lo compré y debo confesar que algunas de sus historias me fascinaron. Hace un par de días, además, en el programa de Carne Cruda emitido online entrevistaron a  Enric Puig y al autor de otro libro en la misma línea: Sal de la máquina. Y alguien me comentó ayer que en Salvados, Jordi Évole también habló de exconectados en algún programa de esta temporada. Así que llevo un par de días sumergida en reflexiones varias y en espiral que más o menos me atormentan:

 

¿Soy adicta yo también a las redes sociales?

¿Hago un buen uso de ellas?

¿Es necesario llevar el móvil a todas horas encima, como si fuera una extensión de una misma?

¿Cómo ha afectado el móvil en general e internet y las nuevas tecnologías en particular a mi vida?

¿Cómo quiero educar a mi hija al respecto?

 

A la primera pregunta debo confesar que sí. No creo que sea una gran adicta pero sí que es cierto que el móvil e internet se ha convertido en una extensión de mi cuerpo-tiempo, y que aunque me facilite algunos aspectos también me resta otros de los que a menudo no se habla.  No sé si adicta es la palabra pero está claro que he adquirido hábitos que, mirados desde una cierta perspectiva, tal vez no quiera en mi vida ( ni en la de mi hija).

 

Mirándolo más de cerca, las consecuencias más alarmantes de la hiperconexión son:

 

Lo que podríamos llamar el pensamiento minimalista y la fragmentación de la atención. He sido una gran lectora de libros toda mi vida, pero desde los últimos 7 años (con la interrupción de los smartphones en el mercado) cada vez leo menos…o digámoslo de otra manera: leo menos libros y leo más artículos en internet, saltando de una página a otra, como si de comida rápida se tratara. “Ah, intresante, ah…esto me resuena…” pero digiriendo y olvidando también rápidamente lo leído. Eso tiene un claro efecto en mi cerebro: cada vez me cuesta más mantener la atención en un solo tema por un buen rato. La manera de acceder a la información es inmediata y vertiginosa…pero tal vez se quede olvidado el conocimiento por el camino

Y la segunda consecuencia alarmante es el tiempo perdido. Y digo perdido porque uno se pierde en ese mar que es internet. Te roba segundos, minutos, horas de tu vida. ¿Quién no perdió el control de su tiempo en internet? Saltando de una página a otra, respondiendo rápidamente a los whatsups, mirando los likes de ese comentario en facebook….y entre like y dislike se te va la vida real en una vida virtual creada a la imagen y semejanza de quienes nos gustaría ser.

 

Es muy fácil que las cosas se te vayan de control. Uno de los problemas de la adicción es el pensar que uno controla, que no es un problema. Yo estoy detectando que, en mi caso, tal vez no controle tanto como quisiera.

 

Qué hacer? El autor de saldelamáquina.com propone una serie de pasos para la desconexión. Me parece interesante empezar a aplicarlos. Y Enric Puig plantea que el reto no es tanto desconectarse, sino desconectarse sin aislarse. La presencia de internet y de los llamados smarthphone es una realidad y es el futuro (dicen algunos), y está combiando nuestra manera de relacionarnos y de acceder a la información (confundida con el conocimiento…y a las antípodas de la sabiduría). La cuestión es pues de primer orden: ¿cómo hacer para reeducarnos?¿Cómo hacer para educar a nuestros hijos que ya son los llamados “nativos digitales”?Creo que cada quién debe hacerse estas preguntas. Yo ya me las respondí: no quiero ir por la calle pendiente del móvil, ni responder al último whatsup en menos de 5 minutos después de haberlo recibido, no quiero estar localizable ni hiperconectada 24h al día. Nada es tan urgente que no pueda esperar a que vuelva a casa, me siente ante el ordenador y, en las horas que yo elija, responda tranquilamente.

 

¿Y tú? ¿Te desconectas?

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