SONRÍANSE UN POQUITO MÁS

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SONRÍANSE UN POQUITO MÁS

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Hoy iba a publicar algún poema, pero antes de empezar a escribir mi mente se focalizó en  prioridades laborales y ese hilo me llevó a acordarme de los distintos trabajos que he ido realizando a lo largo de mis ya 40 primaveras, que no son pocos. Siempre fui lo que llaman un “culo inquieto”. Pasaron por mi mente un montón de escenarios, gente y situaciones. Y me vino a la cabeza el título de este post: por favor, sonríanse un poquito más.

Ojalá lean estas palabras gente que tiene su propia empresa. Porque la tónica general que me he encontrado con mis jefes es gente preocupada por los clientes y absolutamente despreocupada por sus empleados. Sin darse cuenta de que la ecuación del negocio no funciona si la parte que toca a la gente que trabaja para ti está descontenta.

El descontento es como un cáncer del alma: todo lo mata y se propaga con rapidez, de un alma a otra. Y el alma de la empresa está hecha del alma de las personas que en ella trabajan,

He conocido organismos verdaderamente enfermos y lo que es peor, nadie se daba cuenta de que la misma estructura de la empresa estaba tocada de raíz. Directamente podrida. Son lugares a los que acudimos día tras día y donde el ambiente está envenenado: se respira queja, frustración, mala leche, enfado….Y siempre me pregunté: ¿cómo puede vivir la gente así? ¿Por qué vives así? Claro, porque se respira también impotencia: no se ve otra salida. La violencia, en el sentido más amplio y más profundo de la palabra, es reina en no pocos ambientes laborales.

Yo doy mi tiempo y mi trabajo a cambio de dinero. Esa es la sacrosanta ecuación. Pero no es cierta: trabajar implica colaborar, intercambio de energías. Se da también afecto, sonrisas, calor humano…No todo se mide en términos de eficacia y de números. Y en último término, una empresa donde la gente va a trabajar a gusto siempre será más eficaz y a la larga tendrá también más beneficios. Simplemente no somos máquinas ejecutoras que puedes comprar y vender, sino que somos seres humanos complejos con sensibilidad y sentimientos…y un increíble potencial, mucho superior al de una máquina.

A menudo miro a mi hija de dos años y medio y veo el brillo en sus ojos. Ese brillo que los adultos perdimos hace tiempo. ¿Dónde está el eslabón perdido? Miro a mi alrededor y veo a la gente ir a su trabajo cansada, triste, angustiada…y pienso que ellos también fueron niños de mirada brillante y que sólo querían jugar. A claro, la vida es otra cosa, la vida es seria, es una broma pesada…

El adulto medio es grave, si fuera un instrumento sonaría desafinado y en tonos graves. ¿Por qué olvidamos jugar?

Y..lo que es más importante: si vives enfadado y tienes hijos:¿ qué deseas para ellos? Lo que desees para ellos aplícatelo a ti. No dejes a las generaciones futuras los deberes que tú debes hacer. Porque ellos, nuestros hijos, aprenden de nosotros por pura imitación.

Sostengo que la búsqueda del propio bienestar debería ser un imperativo ético, ya no de ética de máximos sino de mínimos. Es necesarios que cada persona busque su propia bienestar, su estar-bien mínimamente, porque la felicidad o infelicidad no se quedan en uno mismo. No somos mónadas aisladas cuyos sentimientos sólo nos afectan a nosotros mismos, sino que somos seres en esencia relacionales y si estamos mal (no hablo aquí de un mal día, sino de llevar “malas” vida: poco coherentes, frustradas, victimistas) eso se pasa a nuestro entorno…y si estamos bien, también. Por eso el propio estar-bien es un asunto de política, de vida de la polis (en su sentido más amplio) que toca a la comunidad, cuerpo del que somos células.

Estar- bien no significa esa felicidad como idiotizada que nos venden en la televisión, esa felicidad fácil a tocar de la mano y siempre lejos. Estar-bien es simplemente llevar una vida lo más coherente con los propios principios, una vida no absenta de dificultades pero confiada.  Una vida apasionada y a la vez agradecida. El problema está que ni siquiera aspiramos a eso. Ya nos parece una utopía.

Pero el camino más largo empieza con un pequeño paso…simplemente se trata de empezar a sonreírse un poco más, a agradecer las pequeñas cosas, a relentizar para escucharnos, a soltar gravedad y tal, vez, jugar un poco más, a pensar que no vivimos para siempre y reflexionar qué queremos dejar a nuestros hijos o amigos cuando nos vayamos. En el amor a las pequeñas cosas empieza el largo viaje a uno mismo y a los demás. Pues sí, por favor, sonríanse un poquito más. Es un tema de importancia nacional.

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