Soledades

IMG_2566
Aire
03/05/2017
IMG_2483
Tattopalabras en la piel del alma
12/06/2017

Soledades

IMG_2920

 

Decía el poeta Machado soledades, y no soledad. Existen muchas soledades, con distintos colores y formas. Las hay oscuras y grises, sin aire, las hay luminosas, risueñas, volátiles…Las hay pobladas de fantasmas, de palabras como tormentas, las hay silenciosas, susurrantes como caricia. Soledades pobladas de recuerdos que nos atormentan y soledades como páginas en blanco, donde el pasado no importa y está todo por escribir.

 

En mi trabajo como acompañante de duelos me encuentro a menudo que las mujeres que vienen a mi visten el traje de esa soledad triste que es el aislamiento. Náufragas de su propia biografía, se encuentran en una isla donde ni siquiera se atreven a cantar (contar) lo que han perdido. Por miedo a que nadie las escuche. Por miedo a la incomprensión, propia y ajena. Y me encuentro también con una sociedad que no sabe escuchar, que no sabe ver, sorda y ciega ante el dolor ajeno. Tal vez porque el dolor del otro nos suene muy familiar, como espejo del propio dolor nunca afrontado. No hay tiempo para tender las manos y abrazar lo que el otro nos cuenta, no hay tiempo para aprender a mirar al otro, más allá de lo que ha hecho, más allá de sus palabras…mirarlo en el alma. Tal vez porque esa mirada necesite también mostrar la propia alma.

Sí, ya no sabemos mirar, mirar de verdad al otro, en su verdad. Tal vez nadie nos enseñó nunca a ello, pero en tiempos difíciles urge aprender lo esencial. Esa comunicación intra-korazones, ese aleteo de alas.

 

Existe también la soledad del límite. Nos enseñan a hacer, a buscar recursos, soluciones…pero hay situaciones en la vida en que lo propio es no-hacer, simplemente estar, en el difícil arte de acompañar o acompañarse a uno mismo.  Para los procesos médicos es obvio que se necesita un tiempo: si te rompes un hueso, tendrás que hacer reposo. Te pondrán una escayola en la pierna o el brazo, para que en tu no-hacer,  la sabiduría de tu cuerpo actúe. Lo mismo vale para el alma, la psique. Hay momentos en que un alma se rompe, y lo único que podemos hacer es asentar las bases (escayola metafísica) para que la propia sabiduría vaya haciendo su curso. La soledad de la espera, de caminar cuando cada paso cuesta, del cuidarse.

 

Pero existe también otro rostro más amable. Lo dicen todas las tradiciones, lo susurran a gritos  los cuentos de niños como una sabiduría ancestral que viaja a través de las generaciones. La soledad tiene sus regalos, sus secretos, sus perlas.

Existe esa soledad donde todo es encuentro: como si de un claro del bosque se tratara y ahí, en el silencio, todo tiene sentido, más allá del lenguaje.

Encuentro con uno mismo, y en ese espacio se siente que nada se ha perdido, porque lo esencial que nos habita, que somos, no puede perderse. Encuentro con el otro, porque en esa soledad esencial todos somos hermanos.Y  encuentro con Dios, con algo que nos trasciende, intangible pero que nos toca.

Hay que trabajar para llegar a esa soledad que es hogar y refugio, mundo interior, centro. Porque sin centro no vamos a ninguna parte, no podemos volar a cielos lejanos a tocar de la mano. Esa soledad, que dejándonos desnudos, en nuestra máxima vulnerabilidad, nos sitúa en un espacio de paz donde nada nos puede dañar.

 

Yo le debo muchísimo a mi soledad. Fue una gran maestra. Lo sigue siendo como lugar de encuentro y celebración. Gracias.

Comments are closed.