Sobre la felicidad

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Sobre la felicidad

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Tema clásico donde los haya. Tema universal. Tema central en la New Age en la que vivimos. Ya sabéis que las reflexiones que aquí os comparto nacen de mi día a día, de mis encuentros y desencuentros, de mis curiosidades de filósofa urbana. Primum vivere, deinde filosofare, que decía Aristóteles, “primero vive y luego filosofa”, aunque para mi el pensamiento siempre fue un agregado de la vida, una manera de vivir y estar en el mundo, un diálogo vivo y activo con lo que me rodeaba.

 

Pues sí…hace un par de días estuve cuidando a los hijos de una amiga…El mayor, de unos 10 años, me comentó: “sí…voy al psicólogo…ya sabes, porque a veces no soy feliz y todo eso…”. Algo me chocó en esa afirmación. Algo a lo que le he estado dando vueltas en los siguientes días. Y fue una sensación de agobio, de agobio por esta obsesión que tiene nuestra sociedad por “ser felices”. Esa obsesión es causa de no poco dolor y zozobra. Me parece que nunca hubo sociedad más infeliz en su búsqueda desesperada de la felicidad. No me pareció normal que un niño de diez años, con problemas, como todos, definiera estos problemas como “falta de felicidad”.

 

Debería alegrarme que los jóvenes y no tan jóvenes se preocupen por lo que les hace felices. El autoconocimiento y la búsueda de la felicidad no deja de ser imperativo de una vida buena y con sentido.

Pero lo que me hace reflexionar y escribir estas líneas es esta obsesión por la felicidad, esta “etiqueta” que engloba no sé cuantas concepciones pero que el capitalismo ha vuelto “producto”, algo que desear, y en el orden del deseo algo que “necesitar”.

 

Forma parte de la vida humana el dolor, el límite y la muerte. Vivir es ir lidiando con los problemas cotidianos y con los conflictos que nos salen al paso cada día. Cuando se habla de felicidad en este mundo nuestro parece que estemos evocando una arcadia sin problemas ni sufrimiento, una utopía de realización personal y bienestar económico, unos estándares que no suelen ser muy reales.  

 

Cada quién debe definir para sí mismo en qué consiste su propio “ser feliz”. Y ese trabajo no es fácil. Pero también siento que hay una sobrevaloración de esta palabra: hay otras muy hermosas y que no suenan ni nos resuenan: la serenidad o la alegría por ejemplo. Trabajar para afrontar con serenidad los propios conflictos, alegría como un estado intermedio, como el justo medio entre dos extremos que son la infelicidad y la felicidad. La gracia, también. Tuve una profesora de yoga que hablaba justamente de eso: de afrontar la vida con gracia, esto es, con elegancia y armonía. Buscar la armonía y la coherencia en nuestras decisiones, modo de vivir y nuestro ser.

 

Tal vez…tal vez…si nos centramos en estas virtudes (serenidad, armonía, gracia, alegría)..de repente nos topemos con esa dama esquiva tan buscada que es la felicidad, tal vez sea ella la que nos salga al encuentro, pero creo que lo hará, no con vestido de noche y tacones, sino con ropajes sencillos y olor a flores, vendrá desnuda luciendo cicatrices y recordándonos que quizás siempre estuvo a tocar de la mano, que sólo teníamos que descubrirla con un nuevo mirar…eso sí, más armónico, más sereno, más sosegado.

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