S I L E N C I O

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S I L E N C I O

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Este verano estuve leyendo “El silencio sana”, de Yolande Duran, una mujer que tuvo lo que se llama un despertar súbito y quedó, literalmente anonadada por el silencio (sumergida en la misma nada que es el silencio).  Su libro, aunque repetitivo en muchas de sus partes, me dió qué pensar, abriendo nuevos horizontes o, tal vez, abriendo espacio a una nueva perspectiva del silencio y de mi misma.

 

¿Cómo nos relacionamos con eso llamado silencio?

¿Es este posible?

¿Y…como dice Yolande: y si sólo hubiera ese Silencio?

 

Nací en una ciudad ruidosa, y debo confesar que ya era mayorcita cuando, fui consciente, no del silencio aún, sino del ruido atronador que envolvía mi día a día y del que ni siquiera me había dado cuenta. Vivía en el ruido y era mi medio vital, el agua donde me movía como un pez. Siendo ya adolescente, y quizás en ese albor de una nueva conciencia y el despertar de mil sensaciones adormecidas durante años, me di cuenta que siempre había ruido a mi alrededor.Tuve un despertar repentino al ruido que me envolvía. Recuerdo aquella semana de mis 16 o 17 primaveras cuando por primera vez el sonido constante de coches y transeúntes  me irritaban de una manera que no llegaba a explicarme.

 

Tuvieron que pasar muchos años antes de que también descubriera el propio ruido interior. Con el yoga, con la meditación llegué a descubrir que el enemigo no estaba fuera, sino dentro. No es que las palabras sean el enemigo, pero sí que fui consciente, a través de esas disciplinas, que vivimos sumergidos en una mente parlanchina que nunca calla. “The monkey mind“, como la llaman los budistas. ¿Es posible, por lo tanto el silencio? Observar el pensamiento (simplemente observarlo) abre ya ese espacio de silencio y escucha. Empezamos a entrar en contacto (y el tacto será importante) con el silencio, aunque sea de forma muy rudimentaria. A trancas y  barrancas, como quien dice.

 

Pero la primera inmersión profunda en ese misterio llamado silencio fue durante mi primer retiro de meditación Vipassana (diez días).

Allí descubrí que el silencio tenía densidad y profundidad, que hay distintos grados de silencio y que es como un mar…puedes ir sumergiéndote poco a poco y… literalmente, el silencio nos toca.

Hay una sensación física interna difícil de describir, para la cual las palabras fallan. No es un pensamiento, no es la nada intelectual, es esa sensación única de estar en los brazos de la madre siendo bebés. Todo tu ser, si te zambulles en el silencio, se disuelve en una especie de abrazo con al madre, con la raíz…quién sabe.

 

Puedo entender a gente como Yolande, que quedó atrapada en ese cálido abrazo. De su mano, o de su pluma, aprendí también algo más…ella me llevó a una cuestión que ni siquiera me había planteado (ahora, mirando para atrás, me parece obvia…pero nunca había dado el paso): ¿Y si lo único que existe de verdad es ese Silencio? ¿Y si somos ese silencio? Ahí está el salto a una nueva manera totalmente diferente de ver el mundo, ahí está el salto de la dualidad a la unidad. Estamos muy cerca de entender o sentir el vacío del que hablan los iluminados o del “todo es Uno” de la filosofía Advaita.

Yolande no se cansa de repetir que en su “despertar” (que ni ella sabe cómo definir) el silencio pasó a un primer plano y todo, absolutamente todo lo demás a un segundo plano.

Lo único real era ese Silencio y lo demás (ciudades, paisajes, gente, amigos, ella misma) pura ilusión.

Francamente, es difícil de entender, y más de sentir, pero creo que ella me ha abierto todo un camino a investigar que tiene su propia lógica: cuando meditaba, me concentraba en observar mis pensamientos y dejarlos pasar….pero, y si pones el foco en ese observador…que es silencio. Si no eres tus pensamientos…¿quién eres? ¿O qué eres? Y ese silencio..¿.no está en todos? Es un hilo muy fino que nos lleva muy lejos…o muy adentro.

 

Cuando era estudiante de filosofía, no entendía para nada las filosofías orientales, y todo vacío me parecía horrible. Hoy, hay un sentir (que puedo más o menos razonar), que ya no me hace percibir esa nada como algo a lo que temer si no como algo deseable, incluso palpable, cálido…inefable. Ha sido un viaje largo…y el viaje continúa.

 

Tal vez…sólo tal vez…ojalá…el Silencio tiene la última palabra.

 

 

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