Lo que nos salva

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Existe un azul otoño
19/09/2017

Lo que nos salva

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Un poco oscuro, el título de este post, como si estuviéramos condenados. Un poco de barco a la deriva sin timón y destinado a hundirse, como el Titánic. Pero me salió así, a modo de resuem de  las reflexiones que quiero compartir a continuación. Voy a ponerme Shopenhaueriana o budista, voy a partir de la constatación de un hecho que es la famosa sentencia del Iluminado, “todo es sufrimiento”. Equivalente a afirmar que  todos estamos condenados a sufrir, en la rueda del Samsara donde causa i efecto se entrelazan y donde al deseo le sigue el dolor (o su versión más postmoderna del aburrimiento). No voy a entrar ahora a describir lo poco que sé de la doctrina budista y la aún menos que recuerdo de Shopenhauer de mis años de estudiante, pero sí quiero utilizar ese punto de partida, o al menos el punto de partida que supone la constatación de que toda vida humana conlleva su dosis de sufrimiento.

 

Hace un año y medio que trabajo directamente con el sufrimiento humano (uno muy específico y por causas muy concretas y profundas).  Y habiendo hablado con bastantes personas de repente me doy cuenta de una realidad: la mayoría de la gente desconoce lo que es la amistad e ignora lo que podríamos llamar “mundo interior”. Sinceramente, no sé qué hubiera hecho en momentos de mi vida si no hubiera tenido al lado un amigo sincero que me tendiera la mano y me abrazara, sin juzgarme. No sé qué hubiera hecho sin las pequeñas cosas que, cuando todo falla, permanecen, fieles, eternas, constantes, humildes, grandes en su pequeñez.  Pero eso que encuentro natural como el aire que respiro me doy cuenta de que es un lujo, un privilegio.

 

Lo que nos salva. Lo que da aire a una vida, y alas. Lo que en ciertos momentos es la vida misma, el único sentido de la vida (una mano tendida, acariciar a tu gato).

 

Todos deberíamos tener una mochila ligera de equipaje para andar por esta existencia. Y  esa mochila debería haber un kit de cosas básicas ,imprescindibles, para  ir a cualquier parte: amigos y mundo interior.

 

En la amistad soy clásica. En la amistad soy apasionada. Encuentro en la amistad la quintaesencia del amor. Del Amor grande entre humanos, entre personas. No tengo pareja, pero en mi vida no falta el amor: no se puede vivir sin este, sin amar ni ser amada. Pero el amor tiene muchas formas y colores, y la amistad siempre supuso para mi una fuente de amor verdadero y libre. Ante el amigo una puede ir sin máscaras ni maquillaje, ser tal cual y dejarse ser. Cuando pregunto a mis clientas si tienen a alguien a quien poder hacer una llamada en un momento duro…la mayoría de veces me responden que no. Eso, sinceramente, no deja de sorprenderme.

 

Y luego el mundo interior. Por mundo interior no me refiero a un mundo construido a base de horas de meditación, un espacio de grandes cimas espirituales. No..me refiero a algo más simple, una higiene mental que mantiene una curiosidad esencial por la pequeñas cosas, una sensibilidad abierta al mundo y confiada.  Tener mundo interior es saber estar en soledad y disfrutar de aquello que nos hace bien (que suelen ser cosas muy sencillas, acciones cotidianas intrascendentes). Cuando todo falla, seguramente la belleza de lo más cercano y simple nos puede salvar.

 

Urge pues una cultura ( y una educación) que propicie personas con capacidad de amistad y que hayan desarrollado mundo interior. Urge porque lo contrario es una sociedad insatisfecha y a la deriva, angustiada, excitada, atontada por las innumerables distracciones, una sociedad donde la vida será posible, pero la verdadera vida humana no encontrará espacios donde desarrollarse y respirar, y hallar un sentido más allá del sentido que proporciona la mera subsistencia.

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