El rostro de Buda

elperdon
El Perdón
06/10/2016
poesia
Cicatrices
06/10/2016

El rostro de Buda

el-rostro-de-buda

Hace unos días entré en una tienda para buscar una lámpara de sal que quería regalar a una amiga. Se trataba de una de esas tiendas tipo Natura: justo en la puerta te recibe un olor a incienso y una luz en penumbra, sólo traspasar el umbral te recibe el aroma de oriente y su luminosidad secreta y exótica. Suena música chill out de fondo, música para los sentidos, dicen, para relajarte…pero música al fin y al cabo pues el estruendoso silencio es aún demasiado impactante para esta antesala de un ficticio y soñado oriente. Es como entrar en un útero misterioso lleno de sueños y promesas de felicidad. Y andaba yo ahí, soñadora profesional, desandando pasos entre estanterías y pasillos. Y budas. Había budas de todos los tamaños y materiales: pequeñitos, inmensas estátuas de buda, de piedra, de madera, un bosque de budas esperando ser comprado, vendido, venerado, olvidado en alguna estanteria vieja…Y me entretuve en contemplar ese rostro.

Debo confesar que me fascina. Que sí, me enamora. Lo hemos visto tanto que ya no lo vemos. Es algo de lo cual se pasa de largo, como el logotipo de la cocacola o la imagen de la paloma de la paz. Pero algún día, tal vez, detengamos nuestros pasos y miremos por primera vez. Sí, definitivamente hay algo que me conmueve, en esa imagen.

Primero, y ante todo, el rostro de buda, no la cara de buda. Buda nos recibe con un rostro, buda es un rostro y no una cara, el rostro de todos y de nadie. Es el rostro universal de la humanidad (meditativa?). No es personal, a diferencia de tantas imágenes de Jesús, que lo humanizan y lo convierten en hombre de carne y huesos, sufriente o triunfante resucitado. El buda es eso, un rostro impersonal, casi diría que inhumano, o a-humano, más allá de lo humano.

Otra cosa que me llama de atención son las contradicciones que una intuye en ese rostro.

Con los ojos cerrados Buda no mira al mundo, sino que mira hacia dentro. Cierra los ojos para abrir mirada y mundo.

Con los ojos cerrados, paradójicamente, lo ve todo. Con esos ojos cerrados Buda nos indica sin decir palabra que el camino hacia la verdad y hacia uno mismo y hacia el otro es hacia dentro, que sólo en la interioridad y la intimidad del ser se halla la llave…de acceso al universo entero. Incluso en algunas representaciones de budas con ojos semiabiertos, el buda sigue mirando hacia adentro, y no hacia afuera. Por el contrario, en muchos rostros de Jesús este te mira a ti, te interpela a ti de persona a persona, te llama. Jesús invoca a nuestra persona, Buda parece indicar algo que está más allá de nuestra persona histórica.

Y más. Buda puede ser hombre y mujer. Tiene algo de andrógino, de unidad aún no diferenciada.

Si se mira bien su rostro, o la representación de buda que es ese rostro, nos daremos cuenta de que en él no hay sexo. O hay los dos polos de lo femenino y lo masculino. Y así como se aúnan en él el yin y el yan, también encontramos en ese rostro la alegria y la tristeza. Es un rostro que nos puede transmitir cualquier emoción porque las contiene todas en su vacuidad. Lo más parecido que se me ocurre en occidente a la sonrisa de buda es la sonrisa de la Gioconda, salvando distancias. Ambas son ambiguas, indefinidas, indefinibles…y ambas parecen guardar un secreto.

Buda tiene un secreto. Y se lo calla. De hecho ese silencio es su secreto. Y al callar lo revela.

No es un secreto en absoluto, pues está expuesto a la vista de todos, a los oídos de todos, pero acaso ya no tenemos ni lo uno ni lo otro para captar el mensaje de buda, que de tan sencillo se nos escapa. Da la impresión de las esfinges egipcias: que tienen un secreto que está allí, evidente, revelado…pero que por evidente y revelado nadie lo entiende.

Buda alerta y relajado, invita a la confianza. Está relajado pero despierto. Su confianza nace de una atención puesta en el interior que le revela quién es. Y ese último misterio, acaso el misterio de la humanidad entera, reposa en su respiración pausada y en su sonrisa  tranquila.

Y una última anotación, antes de salir de la tienda y dejar atrás ese bosque de budas a la venta…reflexiono que mi primer contacto con la ciencia budista ( no con el buda) fue a través de la meditación vipassana…y recuerdo que en ella no hay ninguna imagen, ningún rostro…Entrar en esta escuela de meditación es como adentrarse en el desierto más árido, sin nada, absolutamente nada que te pueda sostener (bueno, las tres joyas, como ellos le llaman: el buda interior, el dhamma y la shanga…aunque no se permiten imágenes de ninguna de las tres, en especial del buda). Y recuerdo cómo, poco a poco, en la más oscura noche y en lo más profundo del desierto, en algun momento fuera del tiempo, ese rostro se me apareció, y era el mío y era promesa y esperanza y alegria.

Y era definitivamente hermoso, ese rostro silente de la humanidad entera.

Y un paso más, y el bullicio de la calle me recibe, y el sol de mediodía con su fuerza y su furia me abrasa. Pero el buda sigue tranquilo, y sonriente, en mi interior, guardando y revelando mi secreto.

 

Comments are closed.