El gesto de Buda

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El gesto de Buda

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Cuando escribí el artículo “el rostro de Buda” no pensaba, hace años, que llegaría a tener tanta repercusión. De entre todos mis posts ha sido con diferencia el más leído y el más difundido. Así que vamos hoy con una segunda parte.

 

A raíz de escuchar algunas de las charlas de Sergi Torres me resonó lo que él llama el gesto de buda. El gesto de buda no es una postura, una asana meditativa tantos siglos imitada. El gesto de buda es su determinación, la actitud que hay detrás de lo que su imagen representa. Pareciera que con sentarnos y cerrar los ojos la autopista hacia la propia iluminación ya estaría encarrilada. Pero no, lo que cuenta no es la asana en sí sino el compromiso que hay detrás.

 

El gesto del buda es el gesto de quien se cansó de sufrir.

El gesto del buda es el punto de inflexión hacia una nueva manera de ser y sentir.

El gesto de buda es Adithana, la firme determinación a no moverse hasta haber visto.

El gesto de buda es la visión de las profundidades y la escucha atenta del silencio con un único objetivo: saber quién soy yo.

El gesto de buda es el descubrimiento de que soy quién no soy.

El gesto de buda es sentarse en el no ser que nos da el ser(-ego)

El gesto de buda es, en definitiva, la paz encontrándose a sí misma más allá de todo lo imaginable y, a pesar de todo, tan cerca que siempre fuimos ella.

El gesto de buda es la belleza más allá del encuentro con uno mismo. Pura belleza del espejo que nos devuelve un vacío lleno de infinitas posibilidades.

El gesto de buda es la posibilidad misma de decidir en un momento determinado bajarse de la rueda del Kharma para entrar en la rueda del Dharma.

El gesto de buda es el resorte, siempre latente en cada vida, que nos permite el despertar, su antesala.

 

Millones de personas se sientan a diario a meditar, pero si falta ese gesto, la meditación es puro callarse sin silencio alguno, es búsqueda eterna sin encuentro alguno. Ese gesto no se intenta, sino que se hace o no se hace, lo realizamos en nuestro interior o no lo realizamos. Pero no se intenta.

 

Y el buda sigue con su rostro, puro gesto, observando y siendo el universo entero.

 

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