De la mística a la política..un recorrido vital

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De la mística a la política..un recorrido vital

Ayer entré en una librería y salí con un libro. Nunca es mi intención…o al menos mi intención consciente. Entro en las librerías y siempre termino comprando libros. Por la noche, tumbada en la cama, leyéndolo,  pasé la mirada por mis libros de cabecera: “m’estimes i em times” de Júlia Bertran, “Diario de un cuerpo” de Erika Irusta, “el segundo sexo” de Simone de Beauvoir, “madres e hijas” de K Northrup, “cuentos de buenas noches para niñas rebeldes”…Y me pregunté, medio con humor, qué me había pasado, cómo de la mística he transitado a la política…

 

Mis primeras lecturas a mis 20 años  fueron de filosofía y  de poesía. Mis autores de cabecera: Rilke, Pessoa, Odisseas Elitis, Whitman, Anaís Nin…Nietzsche, Platón, San Agustín, Heidegger, Gadamer… Vivía en el logos y en la palabra poética.

 

En mis treinta las lecturas variaron: nunca dejé del todo la poesía pero inundaron mi biblioteca libros sobre danza, yoga, meditación…y  sobre la muerte (a raíz de un master que realicé sobre atención a enfermos terminales). “luz sobre el yoga” de BKS Iyengar, los sutras de Patanjali, “El silencio sana” de Yolande Duran, “el libro tibetano de la vida y de la muerte” de Sogyal Rimpché…”Más allá del ego”,  “lecciones de vida” de Elisabeth Kubler Ross…Y un sinfín de títulos más…

 

No exagero si comento que mientras escribo estos nombres una sonrisa me acompaña. Un buen libro es aquél que te hace llegar una voz y un mensaje.

Siempre establecí una relación íntima y personal con los libros y autores que me marcaron. Para mi son, y no exagero, viejos amigos, y nombrarlos es volver a recordar (pasar por el corazón) presencias a las que quiero, con las que establecí un vínculo y forman parte de mi ser.

 

Mis (pocas) lecturas de los últimos años: todas giran en torno de la mujer. Porque se me volvió problemático, el ser mujer, y el serlo en una sociedad capitalista y patriarcal. De alguna manera, la maternidad (el hecho fundamental de los últimos cuatro años en mi vida) me ha confrontado con mi ser social y mi ser mujer. Y todo saltó por los aires. Aún estoy viendo qué está pasando, aún ando perdida respecto a ideas e impresiones. Pero sí que es cierto que a mis 40 me estoy volviendo feminista, anticapitalista, antisistema, anarquista y subversiva. Aunque siempre me molestaron profundamente las etiquetas, siendo la única con la que me encuentro bien la de “poeta”, no como alguien que escribe versos (que también) sino como alguien que ama el misterio y la belleza que nos rodea. Pero ese es ya otro tema.

 

Y así estaba yo por al noche, observando mis libros de cabecera. ¿Cómo he llegado  yo ahí? Se puede reseguir una vida resiguiendo las lecturas que hicimos en cada etapa. Lecturas que revelan lo que nos interesa en cada tramo de nuestras vidas.  Es cierto que en estos últimos tiempos hice un viraje de la mística a la política…De las preguntas sobre el gran sentido, la Verdad, y el más allá…a las preguntas sobre lo cotidiano en su organización, sobre cómo educar en un sistema que no favorece para nada “los cuidados “ ( de niños y ancianos) y donde ni siquiera se reconocen estos cuidados. La maternidad me enfrentó con el indiviudalismo inviable a la hora de cuidar (ese que nos propone el sistema) y con un montón de injusticias que llevamos incorporadas en nuestro ADN de mujeres europeas del s. XXI.

 

También debo admitir que la mística no se puede dejar. Que tal vez la verdadera revolución venga de mano de la mística, entendida como un estar en contacto con nuestro ser más profundo, con un espacio de silencio, con una fe que es auténtico riesgo y vulnerabilidad. Sí, sin mística no se puede vivir ni respirar. Pero con un pie ahí, esencial, hoy en dia siento que voy repensando mi lugar en la familia, en la sociedad…cómo quiero que sean las cosas para mi y mi hija, cómo contribuir a una sociedad más humana, porque la actual nos ofrece celdas irrespirables de inhumanidad. Todo lo estoy repensando, todo resituando…tal vez para seguir haciendo lo que siempre hice porque al final, mi vida fue “estranha” y profundamente antisistema, pero con más consciencia, con más empoderamiento, con una mirada más terrena, con más cicatrices…

 

Seguramente terminaré mis días leyendo poesía.

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