52 Blue

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52 Blue

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o conocida más comunmente como la ballena más solitaria del mundo. Este cetáceo, único en su especie, fue descubierto hacia 1989 y sorprendió a la comunidad científica porque cantaba a una frecuencia inusual: 52Hz, mientras que sus compañeras lo suelen hacer a 10-39Hz (la ballena azul) o a 20Hz (la ballena de aleta). Las ballenas usan sus cantos como lenguaje, es decir, se comunican cantando, y estos les sirven para unirse a los otros miembros de su especie. ¿Qué le sucede a la “triste 52” ? Que al cantar a una frecuencia distinta nadie la escucha, está condenada a la incomunicación más absoluta y por eso vaga solitaria por la inmensidad oceánica.

 

Más allá de lo anecdótico me paro a preguntar por qué conmueve tanto esta historia. Decía la bióloga marina Mary Ann Daher, co-autora de la investigación original sobre esta ballena, que no paraba de recibir cartas (especialmente de mujeres) en las que sus autoras se identificaban con este animal “que no parece encajar en ninguna parte, no hace amigos, se siente solo y se siente diferente a todos”. O sea, que 52 blue parece tocar y resonar algo de nuestras profundidades inconscientes que tal vez valga la pena mirar.

 

Para empezar, la imagen es impactante. Todo en esta historia es desmesurado, todo es desproporcionado e inmenso. Un animal inmenso, el mamífero más grande del mundo, viajando en solitario, condenado a la soledad en la vastedad del océano también mítico e infinito. La imagen se dibuja con una belleza aterradora. En ella se junta el arquetipo de viajero errante que no encaja en ninguna parte, el mito del océano como una vastedad insondable y misteriosa y  la imagen legada por el romanticismo de la soledad del diferente. Tal vez también los trabajos inútiles de Sisifo, condenado a subir eternamente una piedra así como nuestra entrañable blue 52 está destinada a cantar eternamente sin recibir respuesta. También hallaríamos en ella el mito de Frankenstein a lo que la soledad del monstruo se refiere. En fin, un cóctel molotov que despierta en nuestro subconsciente, individual y colectivo, la llama de una empatía atávica.

 

Pero…tal vez nos identificamos con esta Deep Blue, porque existe en todo ser humano un fondo de soledad insondable y misterioso del que ella nos hace espejo. Y tal vez muchos de nuestros esfuerzos sean para huir de esa soledad que forma parte de nuestro ser.  Homo contradictorio, vivimos a caballo entre nuestro ser-con-el otro y nuestro ser-para-nosotros-mismos. Y nuestra vida se tiene que mantener, para estar sana y equilibrada, en la cuerda floja, el justo término medio aristotélico entre nuestro ser social y nuestro ser en soledad. Pero solemos huir de este último. Huimos hacia el otro y no para encontrar al otro.

Tal vez exista en nuestro subconscicente una blue 52 que está eternamente llamándonos para que la escuchemos. Y nos aterra hacerlo. ¿Qué secretos nos cantará?¿ Qué melodia íntima y olvidada nos tiene reservada?

 

Múltiples lecturas para una imagen que se convierte rápidamente en icono, en símbolo. Nuestra Blue tiene toda la fuerza de lo simbólico, y por eso nos conmueve y llega a las entrañas de una manera indefinida pero certera.

Dediquémosle también nosotros un canto, pues si todo es uno, como aseguran no pocas místicas orientales y occidentales, seguro que le llegan nuestras notas:

 

Hoy te he visto

en esa tierra de nadie  

entre la realidd y el sueño:

escuchaba tu canto

en la mirada del anciano,

o el grito del recién nacido,

en la madre angustiada

que no sabe decirse

y se ve extraña ante el espejo,

en el trabajador

que se levanta como autómata

a la conquista del número y el acero,

en los metros, en las miradas vacías

perdidas en el horizonte

de la pantalla omnipresente.

Te vi enorme, inmensa,

donde nadie te percibía.

 

Y nos miramos.

 

Y al encontrarnos…

despertamos a un sueño antiguo

en medio de la multitud,

despertamos a la melodía eterna

que en todo vibra,

Despertamos sin más…

a ese silencio, tuyo, mío,

nuestro.

…cuando la mirada es encuentro.

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